Afuera el sol ya había salido. No había otra cosa que pudieran hacer salvo esperar así que se sentaron en el suelo de la estación, uno junto al otro, abrazados. Nadie diría que eran casi desconocidos.
El cansancio se reflejaba en sus rostros y en sus cuerpos, Carla apoyó su cabeza sobre el hombro de Jorge y cerró los ojos.
Al poco tiempo sonó un teléfono.
— ¿Sí?, soy yo. Está hecho, conseguido— susurraba, no quería que ella despertase. La noche había sido larga, carreras, saltos, alcohol, gente, oscuridad entre fogonazos luminiscentes. Recordó aquel recinto cerca de la playa, muchos habían intentado saltar pero pocos lo habían conseguido. El festival había concluido, le dolían los dedos, pero podía irse a casa lejos de casi todos sus seguidores. Afuera el sol ya había salido. Se sentaron y esperaron. 

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