“Nunca lo hubiera imaginado; has decidido volver, estás aquí después de cómo te eché de mi lado, de mi
cama. Nunca me lo perdonaré, quédate”—susurraba—mientras le abrazaba y hundía
su cara entre su pelo. Por fin sentía ese amor incondicional que le brotaba de
lo más profundo de su ser.
Todos los días a la
misma hora, Eva oía un ruido en su ventana, una especie de llamada, de quejido
o lloro, “las casas de esta antigua corrala no dejan tranquila a la soledad,
hasta los muros se afligen”, solía decir de aquel sonido. Nunca se decidía a
mirar a través del cristal, unas veces porque era invierno y le daba pereza
levantarse y otras porque estaba muy cansada y prefería quedarse bajo las
mantas. Aunque la verdadera razón es que le daba pavor enfrentarse a la
oscuridad de la noche, a la estúpida posibilidad de que una teja se cayera e
impactara en su cabeza.
Una noche de verano,
cuando los termómetros marcaban más de 35º y no podía dormir, dejó la ventana
abierta esperando que la corriente refrescara algo el ambiente. Se durmió con
un libro bajo la almohada y una sonrisa en el rostro. Dormía tan profundamente
cuando llegó la hora, y se oyó el lamento que no se despertó. Seguía en el
mundo de los sueños, por lo que no se percató de que él se deslizó por la
abertura del muro, para entrar en la estancia. Tenía mucho equilibrio, pero sin
darse cuenta tiró un cenicero del poyete con gran estruendo, ¡Crash! Eva, se incorporó, abrió los ojos con desmesura y le vio. Sus miradas se
clavaron el uno en el otro, y no pudo ahogar el grito de terror que salía por
su garganta. A tientas buscó el libro y se lo lanzó con intención de
darle, pero era muy ágil y rápido y
saltó a los pies de la cama desde el alfeizar. Volvieron a mirarse, esta vez
Eva descubrió el alma pura y solitaria que habitaba en aquel gato negro, en ese
instante algo se quebró y ablandó el corazón cerrado por los desengaños. Fue a
cogerlo pero no pudo alcanzarlo, con maestría salió por la ventana. Las noches
siguientes esperaba despierta, pero no volvió… hasta esta noche.



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