domingo, 29 de junio de 2014

A fuego lento


“Cortar en juliana, sofreír las verduras, reservar”… seguía la receta al pie de la letra, las  de su madre primero y ahora las de su suegra, así lo exigía él. Era más fácil no pensar, no cuestionar las cosas, actuar como un autómata. Con el paso del tiempo se cansó de luchar y se limitó a seguir sus instrucciones. 
Hasta hace unas semanas cuando algo se le quebró por dentro al tiempo que él terminaba de destrozar su amor propio. Algo hervía  de nuevo en su in
terior. Llegaba tarde a la cena, como siempre y eso sólo servía para macerar sus ideas; su mente ya no podía dormir.

 — ¡Te dije que no me llames cuando estoy en el bar!—gritó  al entrar — ¿Qué es esto?, si no sabes cocinar— escupió las palabras con desprecio al ver los fogones llenos.

— Nuestra última cena— dijo ella solemne. Cogió su delantal y se largó sin miedo.



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