Todos somos ángeles y demonios a la vez, todos tenemos en nuestro interior la fuerza de la bondad y la capacidad de dañar con nuestros actos y palabras. El yin y el yang, lo bueno y lo malo.
No tengo duda de que si tenemos que elegir siempre se escoge al angelito bueno, pero una parte de esta elección no nos pertenece si no que depende de quién sea el otro, al que van dirigidas nuestras acciones.
Nos afecta el modo en el que nos hablan, nos tratan, nos quieren... y actuamos en consecuencia, para bien o para mal. Las batallas internas diablo-querubín a veces ni las notamos.
Cuando le damos a otro las claves de nuestro corazón sabemos es capaz de destrozarnos por dentro, pero esperamos que nos quieran y aprecien tanto como lo hacemos nosotros . Por eso es muy dificil superar una traición o una decepción, el diablo del otro nos aplasta.
Asi que cuando encuentras a alguien que calme tus demonios y al tiempo eres capaz de ahuyentar los suyos, te sorprendes tanto. Te ilusionas y vuelves a flotar, ángeles y demonios se entremezclan, se alientan, se apasionan pero se complementan y entienden entre ellos. El amor logra el equilibrio.
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