martes, 2 de septiembre de 2014

¿Dónde estoy? (1)

Unos débiles rayos de sol entraron por el tragaluz, suficientes para penetrar en sus ojos y perturbar su sueño así, poco a poco, se despertó. Con un quejido se movió y miró a su alrededor, no sabía ni qué hora era, ni sabía dónde se encontraba. « ¿Dónde estoy? » era la única pregunta que le rondaba por la cabeza. Un intenso dolor en la pierna la ayudó a espabilarse del todo, se miró y vio una herida abierta de la cual comenzaba a supurar bastante pus.

— ¿Cómo me he hecho esto? — susurró, mientras se incorporaba en la cama. Miró alrededor y buscó cómo limpiarse la herida, pero comprobó que en aquella pequeña habitación no había agua. Estaba en un habitáculo con el techo abuhardillado, sin ventanas, sólo había un pequeño tragaluz y la cama en la que se encontraba, no había más mobiliario, ni siquiera un armario o una lámpara. Lo único que veía eran sus cosas esparcidas por el suelo. Intentó levantarse pero se mareó, le dolían la cabeza y la pierna y notaba cómo su lengua parecía de cartón. Se frotó las manos que tenía llenas de arena al igual que sus pantalones.

— ¡Tengo que salir de aquí! — exclamó. Recogió sus cosas con desesperación y cojeó hasta la puerta, aunque temía que estuviera cerrada. Podía oír ruido de coches y de gente que le llegaba desde el exterior.

—Bueno, no estoy en un sitio aislado, pensó—: se intentaba dar valor a sí misma. Llegó a la puerta y el picaporte se movió, sonrió aliviada por un momento antes de que el pánico volviera a invadirla. Salió al pasillo, que también estaba a oscuras, y en ese momento se dio cuenta de dónde estaba, era la casa de veraneo de sus suegros. Intentó recordar cómo había llegado allí pero lo único que recordaba de forma nítida era que había estado en un bar con varias amigas, bailando y divirtiéndose, el resto de las imágenes no tenían sentido para ella. Con ese recuerdo comenzó a andar por el estrecho pasillo con una inquietud desconocida, sabía que había algo más. Se puso el abrigo y la bufanda pero al ir a ponerse los guantes, palpó la foto.

La había encontrado por casualidad unas semanas antes, en ella aparecía una pareja; se veía que estaban en una fiesta, música, gente, y la resplandeciente cara de Lucas que reflejaba auténtica felicidad. La forma en que miraba a aquella chica, la mataba por dentro, se dijo que antes era a ella a quien miraba así. Ese fue el detonante, a partir de entonces había vivido una auténtica tortura, vivía con ansiedad, no tenía tregua. La distancia que había entre Lucas y ella era cada vez más palpable y no paraba de preguntarse qué era lo que pasaba.


Cerró los ojos para intentar evadirse de esos pensamientos, pero entonces la cara de la chica la perseguía y se reía. Sus ojos ya no podían llorar más, « ¿Cuál es la realidad?», « ¿qué ha pasado?», « ¿por qué estoy aquí? », se decía. Intentaba averiguarlo y no dejaba de hacerse las mismas preguntas una y otra vez. No sabía si eran los celos que la cegaban y no había nada de malo o si tenía que tomar una decisión importante y huir de allí. 

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