Unos
débiles rayos de sol entraron por el tragaluz, suficientes para penetrar en sus
ojos y perturbar su sueño así, poco a poco, se despertó. Con un quejido se
movió y miró a su alrededor, no sabía ni qué hora era, ni sabía dónde se
encontraba. « ¿Dónde estoy? » era la única pregunta que le rondaba por la
cabeza. Un intenso dolor en la pierna la ayudó a espabilarse del todo, se miró
y vio una herida abierta de la cual comenzaba a supurar bastante pus.
—
¿Cómo me he hecho esto? — susurró, mientras se incorporaba en la cama. Miró
alrededor y buscó cómo limpiarse la herida, pero comprobó que en aquella pequeña
habitación no había agua. Estaba en un habitáculo con el techo abuhardillado,
sin ventanas, sólo había un pequeño tragaluz y la cama en la que se encontraba,
no había más mobiliario, ni siquiera un armario o una lámpara. Lo único que
veía eran sus cosas esparcidas por el suelo. Intentó levantarse pero se mareó,
le dolían la cabeza y la pierna y notaba cómo su lengua parecía de cartón. Se
frotó las manos que tenía llenas de arena al igual que sus pantalones.
—
¡Tengo que salir de aquí! — exclamó. Recogió sus cosas con desesperación y
cojeó hasta la puerta, aunque temía que estuviera cerrada. Podía oír ruido de
coches y de gente que le llegaba desde el exterior.
—Bueno,
no estoy en un sitio aislado, pensó—: se intentaba dar valor a sí misma. Llegó
a la puerta y el picaporte se movió, sonrió aliviada por un momento antes de
que el pánico volviera a invadirla. Salió al pasillo, que también estaba a
oscuras, y en ese momento se dio cuenta de dónde estaba, era la casa de veraneo
de sus suegros. Intentó recordar cómo había llegado allí pero lo único que
recordaba de forma nítida era que había estado en un bar con varias amigas,
bailando y divirtiéndose, el resto de las imágenes no tenían sentido para ella.
Con ese recuerdo comenzó a andar por el estrecho pasillo con una inquietud
desconocida, sabía que había algo más. Se puso el abrigo y la bufanda pero al
ir a ponerse los guantes, palpó la foto.
La
había encontrado por casualidad unas semanas antes, en ella aparecía una
pareja; se veía que estaban en una fiesta, música, gente, y la resplandeciente
cara de Lucas que reflejaba auténtica felicidad. La forma en que miraba a aquella chica, la mataba por dentro, se dijo que
antes era a ella a quien miraba así. Ese fue el detonante, a partir de entonces
había vivido una auténtica tortura, vivía con ansiedad, no tenía tregua. La
distancia que había entre Lucas y ella era cada vez más palpable y no paraba de
preguntarse qué era lo que pasaba.
Cerró
los ojos para intentar evadirse de esos pensamientos, pero entonces la cara de
la chica la perseguía y se reía. Sus ojos ya no podían llorar más, « ¿Cuál es
la realidad?», « ¿qué ha pasado?», « ¿por qué estoy aquí? », se decía.
Intentaba averiguarlo y no dejaba de hacerse las mismas preguntas una y otra
vez. No sabía si eran los celos que la cegaban y no había nada de malo o si
tenía que tomar una decisión importante y huir de allí.
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